Reflexiones sobre el largoplacismo

A menudo se argumenta que deberíamos centrarnos en influir en el futuro a largo plazo, porque el número de individuos que existirán en (posibles) poblaciones futuras será mucho mayor si llegamos a colonizar el espacio. Por lo tanto, el valor esperado del impacto a largo plazo es mucho mayor.

Este argumento es demasiado simplista. En un mundo más poblado, las acciones de un individuo pueden afectar a más personas, pero una mayor población también implica un mayor número de agentes intentando dar forma al mundo, lo cual puede reducir la influencia de los individuos.1 A primera vista, puede que los dos efectos se cancelen entre sí, por lo que no está claro si es posible tener más impacto en un mundo más grande.

Este caso sería análogo a tratar de influir en la política gubernamental en un solo estado o, en su lugar, a un nivel más general. ¿Cuál de las dos opciones permitiría generar una influencia mayor? La segunda potencialmente afecta a más personas, pero la influencia marginal que se podría tener es (¿proporcionalmente?) menor.

Ante estas consideraciones, el simple hecho de que haya poblaciones más grandes en el futuro a largo plazo no es, como se sugiere a menudo, suficiente para establecer que deberíamos centrarnos en mejorar dicho futuro a largo plazo. (Para simplificar la cuestión, supondré que todas las personas futuras importan lo mismo).

Podríamos convertir esta observación en un argumento contra el largoplacismo. Supongamos que aceptamos que el impacto marginal de las intervenciones a corto y largo plazo es, en principio, de magnitud comparable. En tal caso, debemos tener en cuenta que es difícil influir y predecir (con precisión) el futuro a largo plazo. Generalmente, esto se considera un argumento de peso en contra del largoplacismo, lo que equilibraría la balanza (siguiendo el argumento) a favor de las intervenciones a corto plazo.

Sin embargo, la cuestión no es tan simple. Este argumento opera a un nivel excesivamente abstracto, por lo que tenemos que tener en cuenta varias consideraciones adicionales.

Primero, el futuro es grande tanto temporal como espacialmente. En principio, podríamos aplicar el argumento anterior a esta dimensión temporal. No obstante, dicho proceder requiere que nos planteemos preguntas complicadas sobre cómo se comparte el poder entre generaciones. Lo esencial del asunto es si tenemos o no razones para creer que nuestra generación está en una buena posición para influir en el futuro a largo plazo, es decir, si tiene más poder (por persona) que el promedio.

Algunas creen que nuestra era es especial, por ejemplo, porque es muy posible que una inteligencia artificial avanzada se desarrolle pronto o porque vivimos “tiempos peligrosos” en los que la posibilidad de extinguirnos es inusualmente alta. Me mantengo escéptico sobre estas afirmaciones (ver, por ejemplo, 1,2,3) y agnóstico sobre si las personas del siglo XXI tienen más o menos influencia en comparación con las del siglo XX o XXII.2

Sin embargo, considero que contemporáneamente los individuos tienen mucha más influencia de lo que sugiere un modelo de “todas las generaciones nacen iguales”. Esto se debe a que la mayoría de agentes vivirán en el futuro lejano (suponiendo que ocurra la colonización espacial). Por lo tanto, estas agentes son nuestras sucesoras, podemos influir en ellas pero ellas no pueden influir en nosotras. (Podríamos decir que nuestra generación constituye una transición con respecto a una civilización espacial futura).

Aun así, si los valores y las estructuras de poder de las generaciones futuras cambian con el tiempo, nuestro impacto potencial es limitado. Podríamos tener un impacto mucho mayor en el futuro a largo plazo si la civilización alcanzara estabilidad en algún momento, ya que los valores y la influencia que se podría tener estarían claramente definidos. Sin embargo, puede que esto no suceda, aunque es considerablemente plausible que sí suceda, por lo que creo (espero) que podamos tener una influencia significativa en el futuro a largo plazo. (Dicho esto, estoy de acuerdo con Robin Hanson en que es altamente plausible que haya cambios de rumbo significativos en los valores promovidos en el futuro).

Teniendo todo esto en cuenta, creo que el largoplacismo es suficientemente plausible. Sin embargo, requiere argumentos adicionales sobre a) la viabilidad de un estado estable y b) asumir que actualmente somos una generación de transición. La cuestión no es sencilla debido a que las magnitudes implicadas son inmensas.

Footnotes

  1. Podría darse el caso de que, aunque hubiera más agentes, todas ellas pudiesen alcanzar el máximo impacto. Por ejemplo, en una votación por mayoría, tu impacto (esperado) depende solamente de lo ajustado que sea el número de votos (en términos absolutos) en la votación, no de cuánta gente vote. De cualquier modo, evitaré dicha complicación en este caso.
  2.  Estoy evitando ciertas complicaciones, teniendo en cuenta que el tiempo subjetivo o los años que viva un individuo son un marco de referencia mucho más adecuado que un calendario.

3 comments

  1. FYI, the Spanish translation of ‘longtermism’ is ‘cortoplacismo’ (not ‘cortoplazismo’).

  2. Oops, ‘cortoplacismo’ is the translation of ‘short-termism’. ‘Long-termism’ should be translated as ‘largoplacismo’ (not ‘largoplazismo’).

    The overall point is that, although the Spanish word for ‘term’ is written with a ‘z’ (‘plazo’), the corresponding ‘ism’ is written with a ‘c’ (‘cortoplacismo’, ‘largoplacismo’).

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